Vén a mí, y revélame el vasto reino de tu presencia
Manifiestate a mi corazón y enséñale a orar;
enséñale a mi alma a sentir que todas las puertas
pueden en verdad abrirse, revelándome tu presencia.
Veo ahora a la Luz Cósmica cada día
pintando
el cielo con los deslumbrantes colores
y observo cómo vistes de hierba el desnudo suelo.
Tú estas presente en la tibieza del sol.
Tú estas presente en forma tán clara en todo lugar.
Me inclino reverente ante Ti.
Enséñame a contemplar tu rostro
en el espejo de mi quietud interior.
Divino Creador, Padre Nuestro, hazme saber
de inmediato y definitivamente, que Tú
me has pertenecido desde siempre y para siempre.
Mis sueños erroneos son cosa del pasado
y se hallan enterrados en el sepulcro
del olvido.
He despertado ya; me baña tu luz
y disfruto del sol del vivir en Ti.
El océano de la abundancia divina fluye a través de mí.
Como hijo de Dios, soy un canal a través del cual
fluye todo su poder creativo.
Bendíceme, Padre, para que pueda yo buscarte,
siempre como verdadero hijo tuyo,
y por encima de todo lo demás.
Mientras espero la aurora de tu llegada,
permite Tú que florezcan las flores de mi devoción
en el jardín de mi corazón.
Padre Amado, fuente de Origen, Creador de Todo,
abre todas las ventanas de mi fé,
para que pueda yo contemplarte en la mansión de la paz.
Abre de par en par las puertas del silencio,
y dame así entrada al templo de tu buienaventuranza.
Amado Dios, protege el templo celestial de mi mente,
e impídeles la entrada a los pensamientos dañinos,
que son cuales tenaces guerreros.
Sé que soy responsable de mi propio bienestar.
Deshecharé, pues, todo propósito inútil
y todo pensamiento vano, de modo quepueda así
dedicar cierto tiempo
a Dios diariamente.
Tú eres Amor y me has hecho a tu imagen y semejanza.
Yo soy la esfera cósmica del Amor, en la cual puedo ver,
cual centellantes luces, todos los planetas,
todas las estrellas, todos los seres y toda la creación.
Soy el Amor que ilumina el universo entero.
¡Ohhh, fuente de Amor!, haz que pueda sentir
que mi corazón rebosa de tu amor omnipresente.
¡Quiero poseerte, Dios, para poder darte a todos!
Quiero que despiertes para siempre en mí
la consciencia de tu amada presencia
que mora en mi interior
y que espera en todos los corazones.
Enséñame a sumergirme una y otra vez
en la meditación,
cada vez más profundamente,
hasta encontrar las inmortales perlas
de tu sabiduría y gozo que son divinos.
El Dios de la paz está dirigiendo hoy mis acciones,
desde el trono de los pensamientos silenciosos.
A través de la puerta de mi paz,
introduciré a mis hermanos en el templo de Dios.
Así sea yo una ola pequeña o una ola gigante
en el mar de la existencia,
me sostiene siempre el mismo Océano de la Vida.
Reflexionaré hasta encontrar la respuesta final.
Convertiré el poder del pensamiento en un reflector,
cuyo intenso fulgor revele el rostro de la Omnipotencia.
Enséñame a pensar en Ti, hasta que te conviertas Tú
en el único pensamiento mío.
Padre, sean cuales sean mis pruebas,
haz que las sobrelleve alegremente,
sintiendo siempre tu presencia en mi corazón.
De este modo, todas las tragicomedias de la vida
me parecerán sólo dramas de entretenimiento extático.
Padre, libérame de mi identificación con las limitaciones mías,
nacidas de sugerencias ajenas
y de mis propios pensamientos de debilidad.
Y permíteme tomar plena conciencia de que yo,
como hijo tuyo, soy poseedor de tu reino
y de las infinitas posesiones que él contiene.
Tú que eres la llameante Fuente,
implanta tu luz en mi interior y déjala esparcirse
en torno mío y en todo lo existente.
Un verdadero Hijo que experimenta tu Manifestación
siente en todos los corazones el latido de su propio corazón;
en todas las mentes, su mente,
y en todo movimiento,
su propia presencia.
Muéstrame la vía más rápida para llegar a Ti.
Otórgame una aspiración que arda continuamente en mi corazón
y enséñame a oír tu voz en el eco de la devoción.
En la quietud de mi alma me inclino
humildemente ante tu omnipresencia, con la certeza
de que Tú estás guiando mis pasos
en la senda
de la realización del Ser,
conduciéndola siempre hacia adelante y hacia arriba.
Tu amor, que fluye a través de los corazones humanos,
me ha inducido a buscar en Ti la fuente del amor perfecto.
Espíritu Divino, te buscaré hasta encontrarte,
y
una vez que te haya encontrado,
recibiré reverentemente cualquier don que desees brindarme.
Mas nada te pido, por toda la eternidad
sino el completo don de Ti mismo.
Vengo ante Ti con las manos unidas en oración,
la cabeza inclinada y el corazón colmado
de la mirra de la reverencia.
Tú eres mis Padres, y yo soy tu hijo.
Tú eres el Maestro; obedeceré las
silenciosas órdenes de tu voz.