Mira una luz, y cierra luego tus ojos.
Olvida la oscuridad que te rodea y contempla
el color rojo brillante en el interior de tus párpados.
Mira atentamente ese color rojo violeta.
Medita sobre él e imagina que se agranda cada vez más.
Contempla a tu alrededor un mar de tenue luz violeta.
Tú eres una ola de luz, una onda de paz
que flota en la superficie del mar.
A continuación, observa cuidadosamente: tú, la pequeña ola,
te meces en un océano de luz; tu minúscula vida
forma parte de la Vida que todo lo penetra.
A medida que tu meditación se hace más profunda,
tú, la pequeña ola superficial de paz,
te vas convirtiendo en el profundo y vasto océano de la paz.
Medita en este pensamiento: "Soy una ola de paz".
Siente la inmensidad que yace
en el trasfondo mismo de tu consciencia.
La ola debe sentir la vida del vasto océano que la sustenta.